
Él adoraba la lluvia, tanto por el carácter cálido, enriquecedor y existencialista que compartían ambos, como por la sed del espíritu de hombre saciada con su llegada, buen día era, ya era hora de comenzar.
Las cosas se ponían simple, era el crepitar incesante lo que lo mantenía lúcido y con energías, el que preparaba sus sentidos, la lluvia le hablaba con cada paso que daba y este le respondía, con un guiño, con un beso, una caricia, un gesto de amor; despertaban sus instintos, sus más dañinos y sangrientos instintos, los que obligan a cualquiera a ser transparentes, sinceros, a no dar la espalda a su propia existencia y enseñan a vivir.
Qué más daba, solo caminaba al encuentro de una amiga hermosa, tierna, apasionada y afín a sus ideales y, aún mejor, ella era suya; Fue cosa de encontrarla, mirarla a la cara y demostrarle, con un gesto facial, el estado en que se encontraba para que ésta callase y lo condujese hacia el reencuentro.
Sentados, quizá en qué lugar o instante en el universo, le dirige una mirada cautivadora y lentamente comienza a quedar inconsciente, comienza a perder la clama, comienza a perder la razón, a dejar de pensar y comienza a sentirse, ella lo puede presentir.
Sin ninguno comenzarlo, sin ningún advertirlo el magnetismo que intenta por cada poro de la piel del hombre escabullirse, la hace sentirse más cómoda, la invita a acercarse –no tengas miedo no te devoraré-, la atrae lentamente –no te apures no hay nada que pueda detenernos- y despierta ya sus más arrolladoras y ocultas pasiones –ya es la hora y nada más podemos hacer-.
Bajo instintos hostiles, comienza la cacería.
No es simple seguir cuando el manto de sangre los envuelve en esta máscara de fuego, tal cual los rayos de las tormentas envuelven las calles de la capital, los rayos de sangre inundan su corazón; no es simple cuando ríos de sudor encadenan sus pensamientos a un océano de sensaciones que colindan con el placer, de la misma manera en que la ciudad se inunda y encadena lluvias que encarnan la falsedad y el corazón se inunda en sangre sincera y pura como la enternecedora lluvia; es que colindan, todo lo vivido, con la muerte y es solo cuestión de suerte escapar del destino para llegar a este sitio que los llama, que los quiere.
Es más que solo un vínculo físico marcado por el dolor, es un vínculo de llamas de deseos emociones que con vehemencia los arrojan, los divierten para que se complementen y se frotan, degustan, complacen y agradan sus almas.
Ya no pueden detenerse, el fin ha comenzado, se desesperan, se sienten, se agarran, rasguñan, gritan y se observan, se observan…
Ahora Nicolás ha vuelto en sí, está sentado en una plaza, otra vez solo y bajo la lluvia, se levanta y camina mientras el solo comienza a extender sus rayos de claridad por sobre la capital, una sonrisa de satisfacción llena su rostro, un pequeño ardor placentero inunda su cuerpo, un dolor intenso en su mente lo excita, pues lo vivido es excitación, su pasado es excitación, la muerte es excitación, la vida, simplemente, es excitación, sigue caminando con una tormenta en su corazón.
Por que le pusiste Nicolás!? D:!
ResponderEliminarMaldito! xD
Recién leí tu publicación, no recuerdo cómo llegué acá, abrí mi pc y estaba tu blog... no importa. Me encantó.Espero poder leer algo con más detalles próximamente...
ResponderEliminarSaludos